Tiempo de lectura:6 Minutos

Por qué la primavera puede ser una buena oportunidad para cuidarnos.

La primavera tiene algo especial. Los días empiezan a alargarse, la temperatura se vuelve más amable y, casi sin darnos cuenta, pasamos más tiempo afuera. Caminamos más, abrimos las ventanas, recuperamos actividades que durante el invierno habíamos dejado de lado y hasta cambia el ánimo con el que enfrentamos el día.

No es solamente una percepción. La primavera modifica nuestra exposición a la luz natural, nuestros horarios, la actividad física y hasta la manera en que comemos. Todo eso puede influir positivamente en el bienestar, aunque también hay algunos aspectos que conviene cuidar, especialmente las alergias y el regreso demasiado brusco al ejercicio.

Más luz natural, mejor regulación del sueño

Uno de los cambios más evidentes de la primavera es que tenemos más horas de luz.

La exposición a luz natural durante el día ayuda a regular el ritmo circadiano, es decir, el sistema interno que organiza nuestros ciclos de sueño y vigilia. Recibir luz durante la mañana y mantener horarios relativamente estables puede facilitar que el organismo distinga mejor cuándo necesita estar activo y cuándo prepararse para descansar.

Eso no significa que la primavera cure el insomnio. Pero pasar más tiempo al aire libre y recibir luz natural suele ser bastante más favorable para nuestro reloj biológico que permanecer todo el día en interiores con iluminación artificial.

También puede influir en el estado de ánimo. La luz participa en distintos mecanismos cerebrales relacionados con alerta, sueño y bienestar emocional, por lo que muchas personas sienten más energía cuando llegan los días largos.

La primavera invita a movernos más

Durante los meses fríos es fácil reducir la actividad cotidiana.

Salimos menos, caminamos menos y muchas actividades al aire libre quedan suspendidas. Cuando mejora el tiempo ocurre lo contrario: la rambla, los parques y las plazas vuelven a llenarse de personas caminando, corriendo o andando en bicicleta.

Ese aumento espontáneo del movimiento puede ser uno de los mayores beneficios de la estación.

La actividad física regular ayuda a cuidar el sistema cardiovascular, mantener la fuerza, mejorar el estado de ánimo y reducir el sedentarismo. Además, no todo necesita convertirse en entrenamiento formal. Caminar más, hacer recorridos a pie o aprovechar una tarde agradable para moverse ya suma.

Lo importante es no querer recuperar en pocos días todo lo que no hicimos durante el invierno. Si hubo varios meses de poca actividad, volver de manera progresiva resulta mucho más razonable que empezar con sesiones demasiado intensas y terminar con dolores o lesiones. En Uruguay, los médicos suelen observar precisamente este patrón cuando empieza a mejorar el tiempo.

El sol ayuda a producir vitamina D, pero no necesitamos exponernos sin protección

La piel puede producir vitamina D cuando recibe radiación ultravioleta B. Esta vitamina participa en la salud ósea, en la función muscular y en otros procesos importantes del organismo.

Con la llegada de la primavera aumenta la posibilidad de pasar tiempo al aire libre y eso puede favorecer la exposición solar habitual.

Pero hay un matiz importante: no hace falta perseguir el sol ni exponerse durante períodos largos sin protección.

La capacidad para producir vitamina D depende de muchos factores, entre ellos la hora del día, la estación, la latitud, la pigmentación de la piel y la edad. No existe una cifra de minutos que sirva igual para todo el mundo.

Por eso no conviene usar la vitamina D como argumento para descuidar la protección solar.

Podemos disfrutar de la primavera, caminar, estar afuera y al mismo tiempo proteger la piel.

También comemos diferente

Las estaciones influyen mucho en lo que tenemos ganas de comer.

Cuando sube la temperatura, suelen resultar más atractivos los platos frescos, las frutas, las ensaladas y las preparaciones más livianas.

La primavera puede ser una buena oportunidad para volver a incorporar alimentos que durante el invierno quizá dejamos un poco de lado: frutas, verduras, legumbres, preparaciones simples y alimentos de estación.

El beneficio no está en una fruta concreta ni en un supuesto alimento “detox”.

Está en el conjunto.

Una alimentación rica en alimentos vegetales aporta fibra, vitaminas, minerales y compuestos bioactivos que forman parte de un patrón saludable.

La fuente que inspira esta nota destaca precisamente esa facilidad para aumentar el consumo de frutas y verduras durante la primavera.

El ánimo también puede cambiar

Hay personas que sienten una diferencia clara cuando termina el invierno.

Más ganas de salir.

Más energía.

Mayor disposición para encontrarse con otras personas.

Parte puede explicarse por el aumento de la luz natural, pero también por algo mucho más sencillo: la vida cotidiana cambia.

Hay más actividades al aire libre, más encuentros, más movimiento y menos tiempo encerrados.

Eso puede mejorar el estado de ánimo de muchas personas, aunque no ocurre igual en todos los casos.

No hay que asumir que cualquiera que se sienta triste en primavera “debería estar mejor porque hay sol”. La salud mental no depende solamente de la estación.

Pero aprovechar la luz, moverse, mantener contacto social y salir de casa cuando podemos son herramientas sencillas que pueden contribuir al bienestar general.

La primavera también tiene su lado incómodo: las alergias

Para algunas personas, la llegada de la primavera no significa únicamente días lindos.

Significa estornudos.

Picazón en los ojos.

Congestión.

Lagrimeo.

Tos.

La polinización aumenta la exposición a determinados alérgenos y puede desencadenar síntomas en quienes tienen rinitis alérgica, conjuntivitis o asma.

En Uruguay, setiembre suele ser una época especialmente activa para estos cuadros, y los especialistas recomiendan que quienes ya tienen un diagnóstico y un tratamiento indicado se anticipen siguiendo las recomendaciones de su médico.

También pueden ayudar algunas medidas prácticas: evitar tareas que levanten mucho polen en días secos y con viento, cambiarse de ropa al volver de la calle, ducharse si hubo mucha exposición y mantener una buena higiene del hogar.

La primavera puede ser muy agradable, pero no todo el mundo la vive de la misma manera.

Abrir la casa también cambia cómo nos sentimos

Después de meses con ambientes más cerrados, calefacción y menos ventilación, la primavera invita a abrir ventanas y renovar el aire.

Eso puede mejorar la sensación de frescura dentro de casa y también modifica nuestras rutinas.

Ordenamos.

Movemos cosas.

Limpiamos.

Guardamos ropa pesada.

Aunque parezca un detalle menor, cambiar el ambiente físico también puede generar una sensación de renovación.

No porque exista una supuesta “limpieza energética” obligatoria, sino porque los espacios donde vivimos influyen en nuestra comodidad y en cómo organizamos el día.

La primavera puede ser un buen momento para recuperar luz natural, ventilar y simplificar ambientes que durante el invierno se volvieron más cargados.

La piel también necesita adaptarse

Cuando aumenta la temperatura, algunas personas notan que la crema que utilizaban durante el invierno empieza a sentirse demasiado pesada.

La piel puede producir más sebo y también pasamos más tiempo expuestos al exterior.

Eso no significa que haya que cambiar toda la rutina.

Muchas veces alcanza con utilizar texturas más livianas, mantener una limpieza suave y no abandonar la hidratación.

Y hay algo que debería continuar todo el año: la protección solar.

La primavera no es un período “suave” en el que podamos olvidarnos de ella hasta que llegue el verano.

La radiación ultravioleta está presente mucho antes de los días de playa.

Volver a disfrutar del exterior puede ser el mayor beneficio

Quizá la primavera nos hace bien por algo bastante menos complicado que todas las explicaciones fisiológicas.

Nos devuelve afuera.

Después de meses de frío, empezamos a caminar sin apurarnos tanto, nos sentamos un rato al sol, volvemos a una plaza, hacemos ejercicio al aire libre y tenemos más oportunidades de encontrarnos con otras personas.

Todo eso suma.

La salud no se construye solamente dentro de un consultorio.

También se construye con movimiento, descanso, alimentación, luz natural, relaciones y momentos agradables.

La primavera puede facilitar varias de esas cosas al mismo tiempo.

No es una estación milagrosa.

No cura enfermedades ni garantiza que vayamos a sentirnos mejor simplemente porque cambió el calendario.

Pero puede ofrecer un contexto favorable para retomar hábitos que hacen bien.

Caminar más.

Dormir con horarios algo más regulares.

Comer más alimentos frescos.

Salir.

Moverse.

Volver a encontrarnos con el exterior.

Y quizá ése sea su mejor efecto: recordarnos que cuidarnos no siempre necesita sentirse como una obligación.

A veces empieza simplemente abriendo la puerta y saliendo un rato.

Anterior Várices y arañitas
Próximo Día Mundial del Alzheimer
Cerrar