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Los dudosos beneficios del nutriente de moda.

La proteína dejó de ser un nutriente asociado únicamente con deportistas y pasó a ocupar un lugar destacado en yogures, bebidas, panes, barritas, postres y hasta productos que antes no se promocionaban por su contenido proteico.

Esta tendencia puede generar la impresión de que consumir más proteína siempre es mejor: más músculo, menos hambre, mayor pérdida de peso y un envejecimiento saludable. Sin embargo, los resultados dependen de la cantidad total, la actividad física, la edad, el estado de salud y los alimentos elegidos.

La proteína es indispensable, pero agregarla a todos los productos no transforma automáticamente una alimentación desequilibrada en una dieta saludable. Tampoco permite desarrollar músculo sin entrenamiento ni compensa el exceso de azúcar, grasas saturadas o sodio.

La cantidad adecuada no es necesariamente la máxima. El verdadero objetivo consiste en cubrir las necesidades personales sin convertir un nutriente importante en una obsesión.

Por qué necesitamos proteínas

Las proteínas están formadas por aminoácidos que el cuerpo utiliza para construir, mantener y reparar tejidos. Participan en funciones esenciales y no solamente en el desarrollo muscular.

Son necesarias para:

  • Mantener músculos, órganos, piel y otros tejidos.
  • Producir enzimas y determinadas hormonas.
  • Formar anticuerpos.
  • Transportar sustancias por el organismo.
  • Reparar tejidos después de una lesión.
  • Acompañar el crecimiento.
  • Conservar la masa muscular durante el envejecimiento.
  • Recuperarse después del ejercicio o una enfermedad.

Algunos aminoácidos pueden ser producidos por el organismo. Otros deben obtenerse mediante la alimentación y se conocen como aminoácidos esenciales.

Una alimentación insuficiente en proteínas puede ocasionar pérdida muscular, debilidad y una recuperación más lenta. Sin embargo, esto no significa que multiplicar su consumo produzca beneficios equivalentes.

El efecto saludable del envase

Las expresiones “alto en proteína”, “protein” o “con proteína extra” funcionan como un reclamo publicitario. Muchas personas interpretan que un producto con estas palabras es más saludable que su versión tradicional, aunque no hayan revisado el resto de su composición.

Un análisis de más de 4.300 alimentos procesados encontró que nueve de cada diez productos con reclamos proteicos fueron clasificados como menos saludables según un modelo que evalúa su perfil nutricional.

La proteína no era necesariamente el problema. Muchos de esos productos también presentaban cantidades elevadas de grasa, sodio, azúcar libre, grasa saturada o edulcorantes.

Una galleta, un postre o una barrita no dejan de ser productos procesados simplemente porque se les agregue proteína. El frente del envase destaca el atributo más conveniente para vender, pero no muestra por sí solo la calidad completa del alimento.

Antes de elegir conviene revisar:

  • La lista de ingredientes.
  • La cantidad real de proteína por porción.
  • El tamaño de la porción declarada.
  • Las calorías totales.
  • El contenido de sodio.
  • Los azúcares agregados.
  • Las grasas saturadas.
  • La cantidad de fibra.
  • Los ingredientes que ocupan los primeros lugares.

No es necesario rechazar todos los productos enriquecidos. El problema aparece cuando el reclamo proteico impide observar todo lo demás.

Cuánta proteína necesita un adulto

Como referencia general, para un adulto sano y sedentario suele utilizarse un valor cercano a 0,8 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal al día.

El cálculo básico es:

Peso en kilogramos × 0,8 = gramos diarios de proteína

Por ejemplo:

  • Una persona de 60 kilos: aproximadamente 48 gramos.
  • Una persona de 70 kilos: aproximadamente 56 gramos.
  • Una persona de 80 kilos: aproximadamente 64 gramos.

Esta cifra es una orientación poblacional para cubrir las necesidades básicas de la mayoría de los adultos sanos. No representa una receta exacta ni el valor ideal para todas las situaciones.

Las necesidades pueden aumentar cuando existe:

  • Entrenamiento de fuerza.
  • Actividad física intensa.
  • Edad avanzada.
  • Embarazo o lactancia.
  • Recuperación de una operación.
  • Una herida importante.
  • Pérdida muscular.
  • Desnutrición.
  • Determinadas enfermedades.
  • Un período prolongado de inmovilidad.
  • Un tratamiento que favorece una pérdida rápida de peso.

En personas con obesidad, utilizar directamente el peso corporal actual puede producir cálculos excesivos. En esos casos puede ser necesario considerar el peso ajustado, la composición corporal y el objetivo del tratamiento.

Quiénes pueden necesitar más

Una persona que entrena regularmente no tiene las mismas necesidades que alguien que permanece sentado durante gran parte del día.

Quienes realizan ejercicios de fuerza o actividades deportivas exigentes pueden beneficiarse de cantidades aproximadas de entre 1,2 y 1,6 gramos por kilogramo al día. Algunos deportistas pueden necesitar valores diferentes según el entrenamiento, la disciplina, el consumo de energía y la etapa de preparación.

En los adultos mayores suele recomendarse prestar especial atención al consumo proteico. Con la edad, el músculo puede responder menos al estímulo de los aminoácidos y aumentar el riesgo de pérdida de fuerza y masa muscular.

En personas mayores sanas se utilizan con frecuencia valores aproximados de entre 1 y 1,2 gramos por kilogramo. Una enfermedad, una lesión o una situación de desnutrición pueden modificar nuevamente estas necesidades.

Estas cantidades no deberían aplicarse de forma automática. En una persona con enfermedad renal, hepática o determinados trastornos metabólicos, la recomendación puede ser muy diferente.

Más proteína no significa más músculo

El organismo necesita aminoácidos para fabricar tejido muscular, pero la proteína por sí sola no le indica que debe aumentar el tamaño del músculo.

El principal estímulo es el trabajo muscular, especialmente el entrenamiento de fuerza progresivo. También influyen la energía total consumida, el descanso, la intensidad del ejercicio y la continuidad.

Una persona sedentaria que toma un batido todos los días no obtiene los mismos resultados que alguien que entrena y utiliza esa proteína para cubrir una necesidad concreta.

Los estudios sobre entrenamiento de fuerza muestran que aumentar la proteína puede favorecer modestamente las ganancias musculares cuando la dieta anterior no cubría las necesidades. Sin embargo, los beneficios tienden a estancarse alrededor de una ingesta total de 1,6 gramos por kilogramo al día.

Superar esa cantidad no ha demostrado producir automáticamente más músculo o fuerza en la mayoría de las personas que entrenan.

El cuerpo no almacena un depósito ilimitado de proteína esperando transformarla en músculo. Los aminoácidos que no se utilizan para construir o reparar tejidos pueden ser empleados como energía. El nitrógeno debe eliminarse y el excedente energético puede contribuir al aumento de peso.

El entrenamiento sigue siendo indispensable

Para conservar o desarrollar músculo, la alimentación debe acompañar a un estímulo físico adecuado.

Los pilares principales son:

  • Entrenar fuerza regularmente.
  • Aumentar la dificultad de manera progresiva.
  • Cubrir las necesidades energéticas.
  • Consumir suficiente proteína.
  • Dormir y recuperarse.
  • Mantener la rutina durante el tiempo necesario.

El entrenamiento puede incluir pesas, máquinas, bandas elásticas o ejercicios con el propio peso. No es imprescindible concurrir a un gimnasio, pero el músculo necesita trabajar contra una resistencia suficientemente desafiante.

Caminar aporta beneficios cardiovasculares y ayuda a combatir el sedentarismo, aunque no siempre sustituye un programa de fuerza que trabaje los principales grupos musculares.

La proteína ayuda a adelgazar?

Una alimentación con suficiente proteína puede aumentar la saciedad, facilitar la conservación de masa muscular y ayudar a controlar el apetito durante un plan de descenso de peso.

Sin embargo, no adelgaza por sí misma. El resultado depende de la alimentación completa, el gasto energético, la actividad física, el sueño y la posibilidad de sostener los cambios.

Un producto proteico también puede aportar:

  • Azúcar.
  • Harinas refinadas.
  • Grasas.
  • Edulcorantes.
  • Sodio.
  • Una cantidad considerable de calorías.

Agregar un batido o una barrita a la alimentación habitual sin modificar nada más puede aumentar el consumo energético en lugar de reducirlo.

La proteína puede ser una herramienta dentro de un plan bien organizado, pero no neutraliza las calorías ni convierte cualquier producto en una opción para adelgazar.

Proteína y medicamentos para bajar de peso

Los tratamientos que reducen considerablemente el apetito pueden facilitar una pérdida rápida de peso. Parte de esa disminución puede corresponder a masa muscular, especialmente cuando la persona come muy poco y no realiza ejercicios de fuerza.

En estas situaciones no alcanza con indicar “más proteína”. También es necesario evaluar:

  • La cantidad total de alimentos.
  • La velocidad de la pérdida de peso.
  • La fuerza y la función muscular.
  • La tolerancia digestiva.
  • El entrenamiento realizado.
  • La presencia de náuseas o vómitos.
  • Las enfermedades existentes.
  • La necesidad real de suplementos.

Consumir proteína sin trabajar la musculatura no garantiza que toda la pérdida de masa magra pueda evitarse.

Quienes utilizan medicamentos para adelgazar deberían contar con seguimiento profesional y no aumentar suplementos por recomendaciones generales de redes sociales.

El exceso daña los riñones?

La relación entre las dietas altas en proteínas y la función renal requiere matices.

En adultos sanos, los estudios de duración limitada no han demostrado de manera consistente que una ingesta moderadamente elevada cause enfermedad renal. El consumo proteico puede aumentar la filtración que realizan los riñones, pero ese cambio no equivale necesariamente a un daño.

El problema es que todavía existen menos datos sobre consumos muy altos mantenidos durante muchos años. Por eso no es prudente afirmar que cualquier cantidad es segura para todas las personas.

La situación cambia cuando ya existe enfermedad renal. En determinados pacientes que no reciben diálisis puede ser necesario moderar las proteínas para reducir la acumulación de productos de desecho y proteger la función restante.

Quienes reciben diálisis pueden necesitar una cantidad mayor debido a las pérdidas asociadas al tratamiento. Por eso una recomendación general de internet puede resultar inadecuada en ambos casos.

Conviene consultar antes de comenzar una dieta hiperproteica cuando existe:

  • Enfermedad renal conocida.
  • Proteína en la orina.
  • Función renal disminuida.
  • Diabetes.
  • Hipertensión arterial.
  • Antecedentes de cálculos.
  • Un solo riñón funcional.
  • Enfermedad hepática.
  • Gota o ácido úrico elevado.
  • Uso de medicamentos que pueden afectar los riñones.
  • Antecedentes familiares importantes de enfermedad renal.

No se debería modificar drásticamente la proteína basándose únicamente en un valor aislado de creatinina o en una fórmula encontrada en internet.

No existe una cifra universal de exceso

No hay una cantidad única a partir de la cual la proteína se vuelva excesiva para todas las personas. Una ingesta razonable para un deportista puede resultar innecesaria para alguien sedentario y ser inadecuada para un paciente con una enfermedad concreta.

Como señal práctica, conviene revisar la alimentación cuando:

  • Se consumen varios batidos o barritas todos los días.
  • La dieta supera ampliamente las necesidades calculadas.
  • La mayoría de las comidas giran alrededor de carnes y suplementos.
  • Se eliminan frutas, cereales o legumbres para dejar lugar a más proteína.
  • Disminuye considerablemente el consumo de fibra.
  • Se siguen recomendaciones superiores a dos gramos por kilo sin un objetivo deportivo justificado.
  • Se utiliza proteína para compensar una dieta desordenada.
  • Aparecen molestias digestivas desde que aumentó su consumo.
  • Existen enfermedades previas y no se recibió orientación profesional.

Una alimentación excesiva en proteínas puede ser problemática no solamente por la proteína, sino también por todo lo que desplaza.

Cuando la proteína desplaza otros nutrientes

El organismo también necesita carbohidratos, grasas saludables, fibra, vitaminas, minerales y suficiente energía.

Una dieta centrada casi exclusivamente en proteínas puede reducir el consumo de:

  • Frutas.
  • Verduras.
  • Legumbres.
  • Cereales integrales.
  • Grasas saludables.
  • Alimentos ricos en fibra.

Cuando la fibra disminuye pueden aparecer estreñimiento, distensión abdominal y cambios en la microbiota intestinal. Esto es frecuente en dietas que priorizan carnes, huevos, quesos y batidos mientras eliminan numerosos alimentos vegetales.

Los carbohidratos tampoco son enemigos del músculo. Constituyen una fuente importante de energía para entrenar y ayudan a reponer las reservas utilizadas durante el ejercicio.

Una alimentación equilibrada no enfrenta a los macronutrientes. Los distribuye según las necesidades de cada persona.

Comer menos proteína podría alargar la vida?

Una revisión reciente de más de 350 investigaciones planteó que moderar las proteínas o determinados aminoácidos podría favorecer mecanismos relacionados con el metabolismo, la reparación celular y el envejecimiento.

Entre los posibles mecanismos se encuentra el aumento de una hormona llamada FGF21, que participa en la respuesta del organismo a una alimentación baja en proteínas.

Los resultados son interesantes, pero deben interpretarse con cuidado. Gran parte de la evidencia procede de levaduras, insectos y animales. Los estudios realizados en seres humanos todavía son más pequeños, breves y no permiten afirmar que reducir proteínas prolongue la vida.

Tampoco se conoce con precisión:

  • Qué cantidad sería adecuada para cada persona.
  • Durante cuánto tiempo debería mantenerse.
  • Qué aminoácidos tendrían mayor influencia.
  • Cómo afecta a quienes entrenan.
  • Qué ocurre en adultos mayores.
  • Qué riesgos tendría para personas con poca masa muscular.
  • Si los resultados se mantienen durante muchos años.

Por el momento, esta investigación no justifica realizar dietas muy bajas en proteínas. Una reducción excesiva puede favorecer debilidad, pérdida muscular, peor recuperación, menor inmunidad y desnutrición.

El mensaje prudente no es que menos proteína siempre sea mejor, sino que consumir cantidades máximas sin una necesidad concreta tampoco está respaldado.

La calidad importa tanto como la cantidad

No todas las fuentes proteicas aportan el mismo conjunto de nutrientes.

La proteína puede obtenerse de:

  • Pescados.
  • Huevos.
  • Carnes magras.
  • Leche, yogur y quesos.
  • Lentejas, porotos y garbanzos.
  • Soja y derivados.
  • Frutos secos.
  • Semillas.
  • Combinaciones de cereales y legumbres.

Los alimentos vegetales aportan, además, fibra y diferentes compuestos beneficiosos. Las fuentes animales pueden ofrecer proteínas concentradas, hierro, vitamina B12 y otros nutrientes, aunque su perfil depende del alimento y de la forma de preparación.

No es necesario que todas las comidas vegetarianas contengan cada aminoácido esencial en proporciones perfectas. Una alimentación variada durante el día puede cubrir las necesidades.

Conviene limitar la dependencia de carnes procesadas, fiambres y productos con mucho sodio o grasa saturada. El origen de la proteína puede ser más relevante para la salud a largo plazo que alcanzar una cifra especialmente elevada.

Cómo distribuirla durante el día

Muchas personas consumen poca proteína durante la mañana y concentran casi toda la cantidad en la cena.

Distribuirla entre las comidas puede resultar más práctico y facilitar que el músculo reciba aminoácidos en distintos momentos del día.

Una organización sencilla puede incluir:

  • Huevos, yogur, leche o una alternativa adecuada en el desayuno.
  • Pescado, carne, legumbres, tofu o huevos en el almuerzo.
  • Yogur, queso, frutos secos u otra opción en la merienda.
  • Una fuente proteica acompañada de verduras y carbohidratos en la cena.

No existe una ventana de pocos minutos que determine todos los resultados del entrenamiento. Consumir proteína después de ejercitarse puede ser conveniente, pero el total diario y la constancia suelen ser más importantes que tomar un batido inmediatamente.

Son necesarios los batidos?

Los suplementos de proteína pueden ser útiles, pero no son imprescindibles para la mayoría de las personas.

Pueden resultar prácticos cuando:

  • Las necesidades son elevadas.
  • Hay poco apetito.
  • Los horarios dificultan una comida.
  • Existe una dieta vegetariana o vegana que necesita ajustes.
  • Se está atravesando una recuperación.
  • Un profesional indicó complementar la alimentación.
  • Resulta difícil cubrir las necesidades mediante alimentos.

No ofrecen una proteína “mágicamente superior” a la de una alimentación bien planificada. Su principal ventaja es la comodidad y la posibilidad de aportar una cantidad concentrada.

Antes de comprarlos conviene comprobar:

  • Cuántos gramos aporta cada porción.
  • Cuántas calorías contiene.
  • La cantidad de azúcar o edulcorantes.
  • Si incluye estimulantes u otros suplementos.
  • El número de ingredientes.
  • La presencia de alérgenos.
  • Las instrucciones de conservación.
  • La procedencia y los controles de calidad.
  • Si realmente existe una necesidad que justifique su uso.

Tomar varias medidas porque “más es mejor” puede aumentar el costo y las molestias digestivas sin mejorar los resultados.

Posibles molestias de los suplementos

Algunas personas presentan:

  • Hinchazón.
  • Gases.
  • Diarrea.
  • Estreñimiento.
  • Náuseas.
  • Reflujo.
  • Dolor abdominal.
  • Reacciones alérgicas.
  • Intolerancia a la lactosa.
  • Molestias por determinados edulcorantes.

Estos síntomas no prueban que la proteína sea peligrosa. Pueden relacionarse con la dosis, el tipo de producto, otros ingredientes o una intolerancia individual.

Si las molestias persisten, no conviene continuar aumentando la dosis ni cambiar repetidamente de suplemento sin revisar la alimentación completa.

Cómo saber si ya consumís suficiente

No es necesario contar cada gramo durante toda la vida. Un registro breve de las comidas puede ayudar a estimar la cantidad habitual y detectar si existe un déficit o un exceso evidente.

También conviene observar el contexto:

  • Qué actividad física realizás.
  • Si estás perdiendo peso sin buscarlo.
  • Si disminuyó tu fuerza.
  • Si tenés dificultades para comer.
  • Si estás atravesando una enfermedad.
  • Si utilizás medicamentos para adelgazar.
  • Si eliminaste grupos completos de alimentos.
  • Si gran parte de tu proteína proviene de suplementos.
  • Si tu alimentación aporta suficiente fibra y variedad.

Una cifra aislada no describe la calidad de la dieta. Dos personas pueden consumir la misma cantidad de proteína mediante patrones completamente diferentes.

Señales que justifican una evaluación

Conviene consultar con un profesional si aparece:

  • Pérdida involuntaria de peso.
  • Disminución progresiva de fuerza.
  • Dificultad para levantarse de una silla.
  • Menor capacidad para caminar o subir escaleras.
  • Pérdida visible de masa muscular.
  • Falta de apetito persistente.
  • Problemas para masticar o tragar.
  • Hinchazón en piernas o rostro.
  • Cambios importantes en la orina.
  • Náuseas o molestias digestivas frecuentes.
  • Una enfermedad renal, hepática o metabólica.
  • Necesidad de combinar varios suplementos.

Estas manifestaciones no permiten diagnosticar una carencia o un exceso de proteína por sí solas. Pueden tener múltiples causas y requieren una valoración adecuada.

Encontrar una cantidad razonable

La proteína es esencial, pero no necesita estar presente en forma de suplemento o producto enriquecido en cada momento del día.

Para la mayoría de las personas, una estrategia razonable consiste en:

  1. Estimar las necesidades según peso, edad, actividad y salud.
  2. Revisar cuánta proteína ya aporta la alimentación habitual.
  3. Priorizar alimentos variados y poco procesados.
  4. Distribuir las fuentes proteicas durante el día.
  5. Incorporar ejercicios de fuerza.
  6. Evitar desplazar verduras, frutas, cereales y grasas saludables.
  7. Utilizar suplementos solamente cuando faciliten un objetivo concreto.
  8. Buscar orientación si existen enfermedades o necesidades especiales.

El consumo adecuado protege los músculos y participa en numerosas funciones del organismo. El consumo indiscriminado, en cambio, puede aportar poco beneficio adicional y deteriorar la calidad general de la alimentación.

No se trata de elegir entre mucha o poca proteína. Se trata de consumir la necesaria, elegir buenas fuentes y acompañarla con movimiento, descanso y una alimentación equilibrada.

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