Qué factores influyen en la calidad del esperma y qué hábitos pueden ayudar.
Cuando una pareja busca un embarazo, muchas veces la atención se concentra casi por completo en la mujer. Sin embargo, la fertilidad masculina tiene un peso muy importante y la calidad del semen puede verse afectada por múltiples factores, desde la edad y algunas enfermedades hasta el peso corporal, el tabaquismo, el alcohol, determinados medicamentos, el calor excesivo o la exposición a sustancias tóxicas.
Hablar de “esperma saludable” no significa buscar una perfección imposible. La fertilidad depende de varios parámetros y ninguno debe interpretarse de forma aislada. Lo importante es entender qué aspectos pueden modificarse, cuáles necesitan evaluación médica y qué hábitos realmente tienen sentido cuando se intenta mejorar las probabilidades de lograr un embarazo.
Qué se evalúa cuando hablamos de calidad del semen
El semen contiene espermatozoides y líquidos producidos por distintas glándulas del aparato reproductor masculino. Cuando se estudia la fertilidad, uno de los análisis más habituales es el espermograma o seminograma.
Allí se observan varios parámetros. Entre los más conocidos están la concentración de espermatozoides, su capacidad de movimiento y su morfología, es decir, su forma.
La cantidad importa porque, cuando existe un número muy reducido de espermatozoides, disminuyen las probabilidades de que alguno alcance y fecunde el óvulo. La movilidad también es fundamental, ya que los espermatozoides deben desplazarse a través del aparato reproductor femenino. La morfología aporta información adicional sobre su estructura.
Sin embargo, estos valores no funcionan como un interruptor de “fértil” o “infértil”. Un resultado alterado no significa automáticamente que el embarazo sea imposible, y un resultado dentro de determinados rangos tampoco lo garantiza.
La fertilidad se interpreta en conjunto.
La edad masculina también influye
Aunque la fertilidad masculina no disminuye de la misma manera ni con la misma rapidez que la femenina, la edad sí puede producir cambios.
Con los años pueden disminuir algunos parámetros relacionados con la movilidad y la morfología de los espermatozoides. Además, determinadas alteraciones genéticas en las células reproductivas pueden hacerse más frecuentes a edades avanzadas.
Esto no significa que un hombre mayor de 40, 50 o más años no pueda tener hijos.
Muchos pueden.
Significa que la idea de que la fertilidad masculina permanece completamente intacta durante toda la vida tampoco es correcta.
El peso corporal puede afectar la fertilidad
El exceso de peso puede relacionarse con alteraciones hormonales y con cambios en algunos parámetros seminales.
La obesidad puede modificar los niveles de testosterona y otras hormonas que participan en la producción de espermatozoides. También puede asociarse con inflamación y mayor estrés oxidativo.
Por eso, cuando existe sobrepeso u obesidad, mejorar la alimentación y aumentar la actividad física puede aportar beneficios generales y potencialmente reproductivos.
No hace falta recurrir a dietas extremas.
De hecho, perder peso de manera agresiva o mantener dietas muy restrictivas también puede perjudicar el estado nutricional.
La idea es mejorar la salud metabólica, no perseguir un número en la balanza a cualquier precio.
Fumar sí importa
El tabaquismo es uno de los hábitos que merece especial atención.
Fumar se ha asociado con menor concentración espermática y otros cambios en la calidad seminal. Además, el humo del tabaco contiene numerosas sustancias capaces de aumentar el estrés oxidativo.
Dejar de fumar tiene beneficios que van mucho más allá de la fertilidad: reduce riesgo cardiovascular, respiratorio y oncológico.
Cuando alguien intenta concebir, abandonar el cigarrillo es una de las medidas más razonables que puede adoptar.
Y cuanto antes, mejor.
La producción de espermatozoides lleva tiempo, por lo que los cambios no deberían esperarse de un día para otro.
El alcohol: moderación y contexto
El consumo excesivo de alcohol puede afectar la producción hormonal, disminuir testosterona y asociarse con alteraciones en la función sexual y en algunos parámetros del semen.
Esto no significa que una copa ocasional vuelva infértil a una persona.
El problema aparece sobre todo con consumos elevados y sostenidos.
Cuando una pareja está intentando lograr un embarazo, reducir el consumo de alcohol es una decisión prudente, especialmente si existen otros factores que pueden comprometer la fertilidad.
Los esteroides anabólicos pueden causar un problema serio
Éste es un punto especialmente importante.
Los esteroides anabólicos utilizados para aumentar masa muscular pueden reducir de manera marcada la producción natural de testosterona dentro de los testículos y, como consecuencia, disminuir o incluso detener temporalmente la producción de espermatozoides.
El dato puede sorprender porque alguien que utiliza testosterona externa puede presentar niveles elevados de la hormona en sangre y, al mismo tiempo, tener una producción espermática muy baja.
Por eso, quien esté buscando un embarazo debería informar al médico si utiliza testosterona, anabólicos o productos hormonales relacionados con el rendimiento físico.
No conviene suspenderlos por cuenta propia sin supervisión, pero sí revisar su impacto.
Algunos medicamentos también pueden influir
Determinados tratamientos utilizados para presión arterial, dolor crónico, enfermedades hormonales, salud mental y otras condiciones pueden modificar la fertilidad masculina.
Eso no significa que deban suspenderse.
Suspender un medicamento prescrito sin supervisión puede ser mucho más peligroso que el posible efecto sobre la fertilidad.
Si una pareja está intentando concebir y el hombre utiliza tratamientos de forma regular, conviene revisar la medicación con el profesional que la indicó.
A veces existen alternativas.
Otras veces el beneficio del tratamiento supera claramente cualquier posible efecto reproductivo.
El calor excesivo puede jugar en contra
Los testículos se encuentran fuera de la cavidad abdominal precisamente porque la producción de espermatozoides funciona mejor a una temperatura ligeramente inferior a la corporal.
Por eso existe interés en la relación entre calor y fertilidad.
La exposición frecuente y prolongada a altas temperaturas, como ocurre con jacuzzis o saunas utilizadas de forma muy habitual, puede afectar temporalmente la producción espermática en algunas personas.
También se ha estudiado el impacto de permanecer muchas horas sentado, determinadas actividades laborales y el uso de ropa muy ajustada, aunque los efectos no son iguales en todos los casos.
No hace falta obsesionarse con la temperatura ni realizar cambios extremos.
Pero si existe un problema de fertilidad, reducir exposiciones térmicas innecesarias puede ser razonable.
Las infecciones de transmisión sexual pueden afectar la fertilidad
Algunas infecciones, entre ellas clamidia y gonorrea, pueden producir inflamación y complicaciones capaces de afectar el aparato reproductor.
Muchas veces estas infecciones no producen síntomas evidentes.
Por eso la prevención sigue siendo fundamental.
El uso de preservativo fuera de una relación mutuamente monógama con estudios actualizados reduce el riesgo de infecciones de transmisión sexual.
Y cuando existe una infección, tratarla a tiempo puede evitar complicaciones.
El estrés puede influir, pero no conviene convertirlo en culpable de todo
Buscar un embarazo puede convertirse en una experiencia emocionalmente agotadora.
Cuando pasan los meses sin resultados, aparece presión, ansiedad y preocupación. Esto puede afectar el deseo sexual, la frecuencia de las relaciones y la calidad de vida.
El estrés también puede interactuar con sistemas hormonales, aunque no debería utilizarse como explicación automática para cualquier problema de fertilidad.
Decirle a una pareja “relájense y va a pasar” puede ser poco útil e incluso culpabilizante.
Reducir estrés es saludable.
Pero si existe infertilidad, merece una evaluación real.
La alimentación importa, pero no existe una dieta milagrosa para el esperma
La producción de espermatozoides necesita proteínas, vitaminas, minerales y energía.
Una alimentación variada, con frutas, verduras, legumbres, frutos secos, cereales integrales, pescado y buenas fuentes de proteína puede contribuir a una mejor salud general y reproductiva.
Lo que no existe es un alimento capaz de corregir por sí solo una infertilidad masculina.
Tampoco hay evidencia suficiente para recomendar suplementos antioxidantes de forma indiscriminada a todos los hombres que intentan concebir.
En algunos casos pueden ser indicados por profesionales, especialmente cuando existe un déficit o una situación concreta.
Tomar múltiples suplementos “para fertilidad” sin saber qué contienen puede ser innecesario y, en dosis elevadas, incluso contraproducente.
Los lubricantes pueden ser un detalle importante
Algunos lubricantes convencionales pueden reducir la movilidad de los espermatozoides en condiciones de laboratorio.
Eso no significa que utilizar lubricante haga imposible un embarazo, pero cuando una pareja está intentando concebir y necesita usarlo, puede elegir productos específicamente formulados como compatibles con la fertilidad.
Lo más importante es evitar soluciones caseras improvisadas o sustancias que puedan irritar la mucosa.
Si existe dolor o sequedad durante las relaciones, también conviene investigar la causa en lugar de simplemente soportarla.
La exposición laboral a sustancias tóxicas merece atención
Pesticidas, plomo, determinados solventes y otros productos químicos pueden afectar la salud reproductiva en algunas circunstancias.
El riesgo depende de la sustancia, la dosis, el tiempo de exposición y las medidas de protección utilizadas.
Quienes trabajan en agricultura, industria, construcción, laboratorios u otras actividades con sustancias potencialmente tóxicas deberían cumplir las normas de seguridad y utilizar el equipo de protección correspondiente.
Si existe infertilidad y una exposición laboral relevante, es un dato que conviene mencionar en la consulta.
Quimioterapia y radioterapia requieren planificación
Algunos tratamientos contra el cáncer pueden afectar de forma temporal o permanente la producción de espermatozoides.
Por eso, cuando es posible, antes de iniciar quimioterapia o radioterapia puede plantearse la conservación de semen mediante criopreservación.
Es una conversación que idealmente debe ocurrir antes de comenzar el tratamiento.
La prioridad siempre es tratar el cáncer, pero preservar la fertilidad futura puede formar parte de la planificación cuando las circunstancias lo permiten.
Qué pasa con los celulares y las laptops?
Este tema genera mucha preocupación.
Se ha investigado si la radiación de los teléfonos móviles, el calor de las computadoras portátiles o determinados hábitos tecnológicos pueden afectar la calidad seminal.
Los resultados siguen siendo inconsistentes.
En el caso de una laptop apoyada directamente sobre las piernas, el aumento de temperatura local es un factor plausible y fácil de evitar. Por eso usar una mesa o soporte puede ser una medida sencilla.
En cuanto a llevar el celular en el bolsillo, la evidencia no permite afirmar de forma concluyente que produzca infertilidad.
No conviene presentar como certeza algo que todavía se está estudiando.
Tener relaciones con demasiada frecuencia tampoco “agota” permanentemente el esperma
Existe otro mito frecuente: que un hombre debería pasar muchos días sin eyacular para “acumular” espermatozoides.
Una abstinencia prolongada puede aumentar el volumen y la concentración de espermatozoides en una muestra, pero también puede afectar otros parámetros y no necesariamente mejora las probabilidades de embarazo.
Cuando una pareja busca concebir de forma natural, suele ser más importante mantener relaciones regularmente durante el período fértil que intentar guardar esperma durante largos intervalos.
La frecuencia ideal depende de cada pareja, pero tener relaciones cada uno o dos días alrededor de la ovulación suele ser una estrategia razonable.
Un único espermograma no siempre cuenta toda la historia
La producción espermática puede variar.
Fiebre reciente, enfermedad, estrés, medicamentos y otros factores pueden modificar temporalmente los resultados.
Por eso, cuando un espermograma aparece alterado, con frecuencia se solicita repetirlo después de un tiempo antes de sacar conclusiones definitivas.
Además, el estudio debe interpretarse junto con la historia clínica y, si es necesario, con análisis hormonales, examen físico u otras pruebas.
No conviene leer un número aislado de Internet y concluir que existe esterilidad.
Cuándo conviene pedir ayuda
Si una pareja lleva un año manteniendo relaciones sexuales regulares sin anticonceptivos y no logra un embarazo, suele recomendarse una evaluación de fertilidad.
Sin embargo, no siempre hay que esperar doce meses.
Cuando la mujer tiene 35 años o más, generalmente se aconseja consultar antes, habitualmente después de seis meses de búsqueda. También puede ser razonable una evaluación más temprana si existen antecedentes conocidos que puedan afectar la fertilidad de cualquiera de los dos.
En el hombre, algunos motivos para consultar antes incluyen antecedentes de problemas testiculares, cirugías, traumatismos, tratamientos oncológicos, alteraciones hormonales, dificultad para la erección o eyaculación y uso previo o actual de anabólicos.
La evaluación debería involucrar a la pareja.
No asumir desde el principio que el problema pertenece a uno de los dos.
Mejorar hábitos ayuda, pero no todo depende del estilo de vida
Éste es probablemente el punto más importante para evitar culpas.
Comer bien, no fumar, limitar el alcohol, mantener un peso adecuado y reducir exposiciones perjudiciales puede favorecer la salud reproductiva.
Pero existen causas de infertilidad masculina que no pueden prevenirse con hábitos.
Varicocele, alteraciones genéticas, obstrucciones, trastornos hormonales y enfermedades testiculares pueden requerir estudios y tratamientos específicos.
Un hombre puede llevar una vida muy saludable y aun así presentar un problema de fertilidad.
No significa que haya hecho algo mal.
Cuidar la fertilidad masculina es cuidar la salud general
Muchas de las recomendaciones que ayudan a mantener una mejor salud reproductiva son las mismas que protegen el resto del organismo: evitar el tabaco, moderar el alcohol, realizar actividad física, mantener una alimentación equilibrada y consultar cuando algo cambia.
La fertilidad puede incluso funcionar como una oportunidad para revisar hábitos que veníamos postergando.
Pero tampoco debería convertirse en una obsesión.
No necesitamos controlar cada alimento, evitar cualquier fuente de calor o llenar la cocina de suplementos.
La evidencia apunta a algo mucho más razonable: cuidar la salud general, evitar exposiciones claramente perjudiciales y pedir ayuda cuando el embarazo no llega en el tiempo esperado.
La fertilidad masculina no depende de un único número ni de un único hábito.
Depende de una combinación de factores.
Y cuando existe un problema, conocer la causa suele ser mucho más útil que perseguir soluciones milagrosas.